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Tarde o temprano, las pistas son un escenario por el cual todos los elementos mecánicos de los autos y los conjuntos totales, se muestran en el Autódromo, que es el laboratorio más exigente. No necesariamente en la velocidad pura, sino como ruta de pruebas para las ensambladoras que trabajan y ensayan muchos de sus productos, al igual que los autopartistas con sus componentes, importadores de elementos y hasta como escenario para ensayos de carretera para esta revista.
Tal como sucede en el mundo entero, el automovilismo es el termómetro para muchos automóviles y de ese fenómeno no están ajenos ni jóvenes ni viejos, ni especialistas o simples aficionados, quienes siguen los resultados con mucho interés por el reflejo que pueden tener en sus decisiones de compra. Inclusive, las competencias generan moda, colores, modelos, nombres, etc.
Esto hace que muchas de las firmas que se acercan a estas manifestaciones, no solo se remiten al resultado publicitario sino que lo hacen con el propósito investigativo, gracias al cual consiguen mejorar mucho sus productos.
El extenso y significativo listado de patrocinadores que de una u otra manera han estado vinculados al desarrollo del automovilismo colombiano, permite explicar que esta actividad deja de ser una afición de algunos pocos para convertirse en un proceso comercial de alto calibre.
La construcción de la primera pista se hizo en tiempo récord y al debe, pues no se tenían los recursos económicos suficientes para amparar los costos. El valor se estimó en unos 15 millones de pesos, mucho más de lo que costó la compra del terreno.
La longitud del circuito inicial del Autódromo fue de 2.040 metros, comprendidos entre el Curvón Principal (costado nor-oriental) y el Sector de los Mixtos, el pedazo de pista más exigente de todo el recorrido.
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