UNA CARRERA CON MUCHO PESO…
A mediados de julio de 1988 y con la excusa de celebrar el día de la Virgen del Carmen, la patrona espiritual de los transportadores colombianos, ExxonMobil y Autódromos S.A. sellaron una especie de alianza que los comprometía en una aventura algo descabellada pero interesante, la cual rompía con todos los parámetros automovilísticos conocidos hasta entonces en el país.
Las dos entidades acordaron montar anualmente un evento de tractomulas en el Autódromo de Tocancipá, tipo concurso, en el que se programarían pruebas de destreza y habilidad que permitieran medir el grado de pericia de los conductores participantes, para lo cual el competidor debía presentarse el día de la prueba con el cabezote. Luego, con el correr de los años, se le agregó una buena dosis de velocidad con carreras de cabezotes, así como una serie para los semifinalistas con el trailer enganchado.
Adicionalmente y como complemento del programa dominical, se montarían actividades paralelas y afines con el espectáculo central, que distrajeran a los aficionados en los intermedios del evento meramente deportivo, como la presentación de artistas, grupos musicales, rifas, encuentros recreativos, concursos, etc.
Todo se hizo en medio de una enorme expectativa, pues en el país no había noticias sobre este tipo de encuentros y solo algunas referencias externas se tomaron como modelo para echar a andar este monumental proyecto.
La noticia fue de gran impacto y muy pronto se irradió por todo el país, gracias a la labor publicitaria y promocional que adelantó el recién creado Club Mobil Delvac, el cual encontró eco en los conductores, quienes la convirtieron en tema obligado en cada una de sus paradas y encuentros ocasionales en las carreteras nacionales.
Desde entonces han pasado casi 24 años, tiempo durante el cual el Gran Premio Nacional de Tractomulas Mobil Delvac ha crecido de manera alarmante, pues del encuentro del 88 al del 2010, el más reciente, se ha producido una metamorfosis asombrosa, que hoy lo tienen como el evento automovilístico más concurrido de todo el medio, siendo necesario extender su actividad a dos días para poder atender las demandas deportivas y comerciales que en cuestión de espacio y tiempo aparecían cada año.
En todo este proceso los conductores han jugado un papel importante por su condición de protagonistas, la cual han entendido y valorado, de tal manera, que han acompañado su desarrollo con acciones y propuestas valiosas, que se traducen en respaldo y sentido de pertenencia con la firma patrocinadora, que no escatima esfuerzo por mejorar su día clásico.
Y es que el GPNT es todo un ritual. Comienza con la inscripción para lo cual cada competidor debe llevar su cabezote, luego vienen los chequeos técnicos a las máquinas y médicos a sus conductores, las reuniones instructivas, el encuentro a manteles en los pits, la formación en cada una de las grillas y la competencia como tal.
Claro, existe un generoso espacio para el show publicitario, en el que estos ocasionales pilotos de carreras, se dan un buen shampoo de popularidad ante una tribuna atiborrada de familiares, amigos y simpatizantes, que viene al autódromo a disfrutar el espectáculo pero, también, a honrar a su patrona espiritual en su día clásico. En eso las acciones espirituales siguen creciendo.
Un breve repaso a la historia del evento nos permite advertir cómo por esta gigantesca carpa han desfile ilustres personajes del espectáculo, a quienes les corresponde otro tipo de labor, como es la de entretener la tribuna, en los recesos obligados del proceso deportivo. Basta con recordar a Patricia del Valle, el Grupo de la Luciérnaga, los 50 de Joselito, los Tupamaros, Miguel Varoni en el papel de Pirulino, la Orquesta de César Mora, algunos personajes de ‘Sábados Felices’, entre otros.
Y más recientemente, el show ha cambiado su temática y ahora se ofrece algo diferente en la pista: espectáculos de acrobacia sobre ruedas, que arrancó con Motpaka y los Pilotos Infernales, continuó con los “Monster Trucks”, palabras mayores en la modalidad, el Show de Motores Extremos, como reconocimiento a la ingeniería colombiana en materia de velocidad, el fabuloso espectáculo de ‘Los Hombres de Hacer’, a cargo de los integrantes del ejército colombiano y la presencia de ‘Los Hombres más Fuertes del Mundo’, que se robó el show el año anterior.
La parte deportiva, igualmente, se ha ido modificando, siempre buscando que no pierda interés y, por el contrario, sea el eje central del encuentro. Al comienzo, cuando todo se hacía en un solo día, este eje giraba veloz y rápido con el ¼ de milla, carrera de cabezotes y cerraba con las exigentes pruebas de habilidad con el trailer enganchado. Unos buenos años después, a raíz de los cambios estructurales que se dieron, se incrementaron las pruebas de destreza y se determinó seleccionar los mejores 52 para las series dominicales.
Ahora esa tendencia se mantiene, pero con algunos ajustes para darle mayor emotividad a las pruebas. Ya no se harán las series de habilidad en los cajones de llantas, sino que se operará una carrera individual con una mezcla de velocidad y buen manejo, que hasta entonces no existía para series con el cabezote.
Un certamen enorme de característica definida y única en su género en el país, que hay agendar con suficiente anticipación para no quedar por fuera de su cubrimiento. Un certamen que sigue siendo materia de comentarios y de interés general por su estructura, variada programación y generosidad en actividades.